martes, 4 de marzo de 2014

Triseña - 04.03.14 // 3 por el precio de una




Warpaint – Warpaint
2014
Rough Trade
51 min.
Dream Pop / Trip Hop / Ambient Pop
⋆⋆⋆½ - 3.5
La tribu liderada por Emily Kokal vuelve a la carga con su segundo LP, un trabajo intrigante, que entrega mucho y también adolece a ratos. Ciertamente nos encontramos ante una colección de canciones que demuestra intención de llegar a una estética definida, y no sólo intención, sino el despliegue efectivo de ella. Esta estética es encantadora: adentrada en un dream pop soñador, lento y atmosférico como el que pocos intentan hoy en día con tanto éxito. Quizá Beach House se venga a la mente, pero las texturas de Warpaint van acompañadas de una capa metálica que no aparece en, digamos, Teen Dream (2010). Este fin atmosférico, que prefiere dejar una canción cocinar durante cinco minutos a explotar sus ganchos durante tres aparece en todo su esplendor en cortes como “Biggy” o el primer sencilo, “Love is to Die”. Mientras tanto, la capa metálica de la que les hablaba no es una figura retórica, sino que en bastantes ocasiones es literal: la banda introduce metales jazzeros de una manera hipnótica en el trasfondo de varias canciones, mezclándolos con la línea melódica de las guitarras de un modo muy similar al que Radiohead lo hace en In Rainbows (2007), disco con el que Warpaint guarda una velada pero consistente relación. Baste como evidencia de esto una escucha cuidadosa a “Teese” o “CC”, o bien a la sección final de “Drive”, que bien podría adornar una versión aletargada de “Weird Fishes”, pieza de la pandilla de Yorke.

Sin embargo, el enfoque lento y paciente de la banda no termina por funcionar en todas las piezas, o por lo menos podría resultar decepcionante para un escucha casual. Muchas de estas pistas no tienen coro ni clímax bien establecido, sino que se desenvuelven orgánicamente, y a menudo de manera cíclica, hasta caer en un final difuso. Canciones planas. Nada esto es un pecado, pero no nos olvidemos del género: este es un álbum de pop, al menos en su epidermis. Lo es porque tiene voces amables, instrumentación etérea y líneas melódicas convencionales, pero por momentos parece que quiere romper con el canon estructural del género y volverse algo más oscuro, elusivo, cercano al trip-hop o al ambient pop; y digo, eso es un experimento interesante, pero al comparar una de las canciones planas (“Go In”) con otra que sí llega a un clímax definido (la fabulosa “Drive”), es fácil darse cuenta de qué momento es más efectivo, memorable. Pista: no es el primero. Para ser un álbum de pop, es innecesariamente difícil por momentos seguirle la pista, mover la cabeza al ritmo, tararear.

En resumen, Warpaint es un álbum un tanto ambivalente; complicado para quien busque melodías inmediatas, pero con interesantes experimentos formales y numerosas recompensas sonoras enterradas para aquél escucha dispuesto a darle varias repasadas. Warpaint demuestra que tienen una idea en mente, pero dejan la puerta abierta para muestras más desarrolladas de esa idea en un futuro.

Track Picks: “Intro”, “Love Is to Die”, “Biggy”, “Disco//Very”, “Drive”.

miércoles, 22 de enero de 2014

Fuck Off Get Free We Pour Light on Everything



  • A Silver Mt. Zion (o Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra)
  • 2014
  • 49 min.
  • Post-Rock, Art Rock… ¿Chamber Punk?

 

He tratado de mostrar a varias personas la música de A Silver Mt. Zion a través de los años, con resultados francamente pobres. La mayoría de las veces se me quedan viendo como si tuviera peste bubónica. Algunos —los más educados— sueltan un lacónico “seh, ’ta chido”, antes de regresar a su vida normal y no hablar de música conmigo por un buen tiempo. Al fin, creo que la honestidad de una persona me reveló, hace no mucho tiempo, el núcleo de este asunto. “Me dan nervios, ansiedad”, dijo esa persona. E incluso el apologeta oscuro que llevo dentro debe admitir que esas emociones no son agradables para casi nadie. Lo peor es que no puedo decir que esa persona esté incorrecta: yo siento los mismos nervios y la misma ansiedad cuando escucho a Silver Mt. Zion, por no hablar de Godspeed You! Black Emperor, proyecto del cual son primos-hermanos. ¿Entonces qué? ¿Por qué los nervios y la ansiedad que produce esta banda se transforman en algo sublime para mí y no para otros? Creo que tiene algo que ver conmigo: yo les mostré la música, y lo hice en el momento en que se me dio la gana. Para escuchar a estos tipos tienes que estar dispuesto a una confrontación emocional/musical fuerte, y la gente no anda por la vida con tales disposiciones a toda hora. Para escuchar a Silver Mt. Zion es más o menos necesario, ahora veo, que ellos te encuentren a ti en el momento preciso. Fui muy estúpido al pensar que una banda que yo empecé a escuchar en una noche muy especial para mí tendría el mismo efecto en otra persona a mitad de una clase de matemáticas.

martes, 31 de diciembre de 2013

Modern Vampires of the City





  • Vampire Weekend
  • 2013
  • XL
  • 43 min.
  • Art Pop / Indie Rock



El tercer intento de estudio producido por Vampire Weekend es el mejor álbum de año; pero no para mí. Hoy quería sentarme a escribir algo sobre música y, siendo que es 31 de diciembre, lo más obvio sería soltarles una lista con mis mejores álbumes del 2013, pero la verdad es que no soy de esas personas que escuchan todo lo que sale en el momento en el que sale. Este año no escuché lo nuevo de Nick Cave o el tan laureado disco de Julia Holter, por ejemplo. También pensé en hacer una lista con discos viejos que yo no escuché hasta este año, por una razón u otra. Se me ocurren Trespassers de Kashmir, Visitations, de Clinic y Family Tree: The Roots, de Radical Face. Pero en realidad no estoy de humor para listas. Quería escribir una simple pieza de crítica —algo menos estadístico y más instintivo—, pero al mismo tiempo quería que la pieza fuera un guiño en reconocimiento al año que se va (¿o nos vamos nosotros?). Así que decidí hacer una reseña del que fue el disco #1 de 2013 en la lista de otra persona. Otras personas, mejor dicho. Un ejército de personas. Una miríada de audífonos. Un cardumen de capuccinos. La conjura de los necios. Pitchfork themselves.

Debo empezar por admitir que nunca me ha agradado Vampire Weekend; ni un poquito. Carajo, el problema me viene desde sus portadas. Vampire Weekend siempre ha sido para mí la bandera del demográfico instagram, del rock diluido y pintado en colores pastel, de la generación que pone una frase cualquiera encima en Helvetica encima de una foto cualquiera y llama al resultado Arte. Tanto su debut homónimo como su segundo esfuerzo, Contra, me parecen pálidas interpretaciones musicales de un mundo en donde todas las rocas son hule espuma y las agujas, papel bond. Son discos blandos, discos de adolescentes a quienes no tengo siquiera que mirar para saber que tienen un suéter turquesa en el closet. ¿Algo cambia para el tercer disco? Pues no, pero sí, un poco, algo. Bastante. Modern Vampires of the City nos presenta a una banda dispuesta a cumplir lo que el título promete; abandonan por la mayor parte esa fachada exotica tan irritante que los distinguía hasta ahora (ya saben, esa capaz de rimar horchata con balaclava y arruinar así una perfectamente bonita melodía), y se quedan con lo que deberían haber extraído desde el principio de sus marcadas influencias tropicales: la música pura. Los pequeños toques tribales, las palmas y bongos omnipresentes, las maracas seseantes, todo ello sigue ahí. Pero han dado un giro lírico crucial: han aceptado que son americanos blancos con suéteres turquesas en el closet, que viven en la ciudad, que están atrapados en la modernidad. Modern Vampires of the City es un gran ejemplo de aquella máxima siempre socorrida por los gurús de la autoayuda. Aceptarte a ti mismo, dejar de pretender y posar, realmente mejora los resultados.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

DesLiteratura: El rol intermedial de la crítica musical



NOTA: lo siguiente es un ensayo académico (o al menos eso creo); si se le piensa leer entero preparen una silla cómoda.


"La música expresa todo aquello que no puede decirse con palabras y no puede quedar en el silencio."
Victor Hugo

"Anyway, rock criticism is below police reporting and horoscopes in the literary hierarchy [...]"
Robert Christgau

Muy a menudo se le confiere a la música cualidades etéreas, inefables, intocables. Los lugares comunes abundan: se dice que es el más inaprehensible y puro de las artes, que ninguna palabra se le acerca, que las esferas del universo vibran a ritmos musicales. ¿Pero no son todas esas nociones, al fin y al cabo, construcciones verbales en sí mismas? Averiguar si en verdad la música tiene más poder y alcance que cualquier otro arte sería un proyecto inacabable además de infructuoso, puesto que al fin y al cabo todo está sujeto a la subjetividad de quien experimenta la obra en cuestión. No sé si la música pueda expresar cosas que otras artes no logren. ¿Pero podrán estos otros artes o medios re-expresar a la música? Es decir, una vez que la obra musical ya existe, ¿es posible que otro sistema semiótico —en concreto la palabra escrita— logre reproducir y transmitir la experiencia musical a quien no ha escuchado la pieza original? Esta cuestión, en su vertiente periodística en vez de narrativa o poética, constituye un área intrigantemente poco explorada por la comparatística, sobre todo considerando lo cercana que es a nuestro panorama cultural diario. Y es que la crítica musical siempre está presente; institucionalizada en forma de libros, blogs, revistas; llevando a cabo un papel terciario entre arte y sociedad que sería imposible sin el uso de ciertos métodos intermediales.